(Museo Nacional de Antropología
del 31/10/2008 al 01/03/2009)
Fotos de Luís López "Gabú", fotógrafo coruñés
Copiar, recitar y memorizar. Este es el método utilizado en las escuelas coránicas africanas para enseñar a los niños a leer y escribir, la única formación que reciben en muchos casos. El Museo Nacional de Antropología ofrece la oportunidad de conocer estos lugares vedados al extranjero, a través de la mirada del fotógrafo gallego Luis López "Gabú" en la exposición "Madrasas Africanas"


En árabe, 'madrasa' significa 'escuela', 'colegio', 'lugar de estudio', y se utiliza tanto para centros religiosos como laicos, sean privados o públicos. Aunque a veces se confunden, los términos madrasa y escuela coránica aluden a ámbitos distintos.
Las madrasas ofrecen una enseñanza estructurada en ciclos y cuentan con profesorado mejor formado. En ellas, además de la enseñanza religiosa, los alumnos reciben conocimientos de Matemáticas, Física, Ciencias Naturales, Derecho, Historia, Literatura Arábiga y, en ocasiones, lenguas extranjeras, principalmente el inglés.
Por su parte, las escuelas coránicas (maktab) apenas cuentan con recursos y a ellas acuden los niños a leer, recitar y memorizar el Corán en el idioma que fue revelado, el árabe. Bajo la dirección del maestro ('marabout'), se inician en el conocimiento de los versículos o suras del Corán y experimentan su primer contacto con el árabe clásico, una lengua desconocida para la mayoría de ellos. El método de estudio consiste en copiar en una tabla un texto escrito en papel y recitarlo en voz alta hasta que se memoriza. Mientras no se haya aprendido un versículo no se pasa al siguiente, y entonces se borra lo escrito y comienza de nuevo el proceso.
En la actualidad, las escuelas coránicas son muy criticadas por su hermetismo, la mala formación del profesorado y por no adaptarse a los cambios sociales, religiosos y políticos, especialmente los que afectan a las mujeres. A pesar de ello se les reconoce el importante papel que desempeñan en la lucha contra el analfabetismo, sobre todo entre los sectores más pobres y marginados.
Las 30 fotografías de “Gabú” fueron tomadas durante los últimos 10 años en varios países africanos de influencia islámica, desde Guinea Bissau hasta el Magreb, pasando por Mauritania, Senegal, Malí, Somalia y Etiopía. Son el resultado de un trabajo paciente, en ocasiones arriesgado, y abordado siempre en solitario, lo que permitió a su autor ganarse la confianza de los líderes religiosos y poder acceder así a las escuelas.
