domingo, 3 de enero de 2016

Fiel hasta la muerte, vida y espiritualidad de la beata María Clementina Anuarite Nengapeta

Autor: Antonio Bendito Hernández, op  
Editorial: Mundo Negro
ISBN: 84-7295-186-3
Páginas: 216

Sinopsis:

El 15 de agosto de 1985 fue beatificada en Kinshasa una joven religiosa de raza negra: Sor María Clementina Anuarite Nengapeta, de la Congregación religiosa de la Jamaa Takatifu (Sagrada Familia). Fue glorificada como mártir de la virginidad. Había sido asesinada por los rebeldes simbas el día 1 de diciembre de 1964, al negarse a aceptar las proposiciones de su jefe: convertirse en su mujer, es decir en su concubina.

La elevación a los altares se ha convertido para nuestro mundo occidental en un evento casi rutinario, y apenas se le presta ya atención. Máxime si se trata de personajes poco conocidos o distantes por razón de lugar y cultura, como es nuestro caso. Por eso, este acontecimiento pasó del todo desapercibido para muchos cristianos. Cosa muy distinta fue para el entonces Zaire (actual R. D. del Congo) y para los cristianos del África, en general. Fue un acontecimiento de auténtica trascendencia, porque Sor Anuarite era la primera mujer del África negra cuya santidad era reconocida solemnemente por la iglesia; era el primer santo congoleño que sube a los altares, y era el coronamiento y la confirmación de una iglesia que llega a su mayoría de edad, justo cuando apenas acababa de celebrarse el centenario de su segunda evangelización.

Pero, sobre todo, la joven martir Anuarite Nengapeta es el modelo que los jóvenes africanos necesitan hoy con urgencia como guía. Porque eligió morir en defensa de su virginidad y por fidelidad a Cristo, a quien consagrara su vida. Y así les ofrece, en este crítico momento de la hostoria de su país los valores fundamentales e indispensables para la realización de esa plenitud humana y espiritual a la que aspiran, así como, también, el dinamismo necesario para hacerlos vida, en plena libertad interior.

Anuarite es una mujer africana que supo elegir su camino y defenderlo con firmeza, a pesar de los múltiples obstáculos que tuvo que afrontar: por su condición de mujer, por estar dotada de un sistema nervioso más bien débil, por su pobre formación intelectual y por su humilde origen social.

Revestida de su sabiduría y fortaleza divinas, nos enseña que también nosotros (hombres y mujeres de cualquier edad, raza o condición social) podemos construir el edificio de la propia vida y el de la sociedad si, como ella, nos apoyamos en el Señor y nos dejamos guiar por su espíritu.